El tesoro sepultado del Cine Río: La memoria perdida entre escombros
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Actualizado: hace 3 días
El cine Río es un secreto a voces, es un lugar para proyectar cine XXX que sobrevive en la periferia del centro de Oaxaca de Juárez, en la calle de Carlos María Bustamente, con sus propios códigos y un secreto que hoy revelamos de la mano del cineasta y gestor cultural Tlatoani Ortiz.
El cine tenía los pasillos oscuros y las butacas desgastadas por los años de uso. Arriba estaba su vieja cabina, el santuario, una bodega que resguardaba proyectores cinematográficos de los años 40 , tráilers con rollos de la Época de Oro del cine mexicano y muchos carteles originales que permanecieron ocultos durante décadas entre el polvo, excremento de ratas y el abandono.
Este archivo histórico sobrevivió al paso del tiempo pero no a una remodelación, tras la cual la mayor parte del material terminó en la basura. El hallazgo entre polvo, plumas y abandono.
A Ortiz, un cineasta dedicado a la preservación y difusión de archivos del séptimo arte, su interés por el cine erótico lo llevó al cine Río. Por su cercanía con el entonces encargado del lugar, Don Vela, a quien menciona con mucho cariño, el cineasta tuvo la oportunidad de acceder a la bodega en la parte de arriba del cine Río. Tuvo la oportunidad de ver de cerca lo que ahí se guardaba y reconocerlo como un tesoro.
“Era una bodega donde estaban guardadas todas las cosas del cine Río desde que se inauguró. Todo eso estaba cubierto por una costra de 30 años de caca de rata, paloma y mugre. Estaba inmundo ese lugar”.
Abajo de toda esa costra estaban los proyectores de la época de los 40, latas oxidadas que contenían las cintas de los tráilers de las películas de la Época de Oro y sobres enteros repletos de carteles antiguos del cine mexicano y luchadores.
Los carteles, proyectores y materiales publicitarios de las salas de cine son considerados documentos históricos porque reconstruyen la forma en la que se exhibió cine en cada época.
Entre todos esos objetos estaban los lobby cards, que eran pequeñas cartulinas con fotogramas impresos que las distribuidoras le enviaban a las salas de cine para exhibir en sus accesos principales. “Muchos de esos sobres venían cerrados de fábrica, el cine solo usaba el cartel grande y guardaba el resto”, cuenta Tlatoani. Al abrir los sobres tras varias décadas de estar guardados, los carteles aún conservaban colores tan vivos que parecían recién impresos.
Durante semanas Tlatoani limpió sin imaginar que debajo se encontraba un archivo
cinematográfico acumulado durante décadas.
La remodelación que borró el archivo
En 2020 el mundo se tuvo que detener. La pandemia del covid 19 hizo que el cine Río
cerrara sus puertas al público por meses. Los dueños decidieron que era
momento de remodelar las instalaciones. Para los trabajadores de la obra, aquellos carteles, las latas de celuloide y los pesados proyectores de fierro viejo no eran más que basura y escombro acumulado.
Nadie llamó a algún historiador o a una institución de cultura. “Los albañiles, los trabajadores, todo lo que había ahí lo tiraron a la basura”, rememora con tristeza Tlatoani, a quien el remordimiento lo consume hasta hoy. “Imagínate todas esas pilas de cartones, pósters hermosísimos, los proyectores de los 40, las latas. Todo eso a la basura”.
La culpa, motor de conservación
Hoy el gran archivo del cine Río ha quedado reducido. Lo poco de lo que queda es lo que Don Vela le regaló a Tlatoani. Destaca un cartel del Santo contra las momias de Guanajuato. Estrenada en 1972, la película forma parte de una de las sagas más populares del cine mexicano.
Las películas protagonizadas por El Santo mezclaban lucha libre, terror y aventura.
“Me dolió mucho”, menciona Tlatoani que pudo haber pedido más material para resguardar.
“No quise verme ambicioso y pensé, bueno si llevan ahí 30 años, nadie los va a tocar”. Este suceso hizo que Tlatoani se hiciera una misión personal. Por toda esta pérdida de material, comenzó a trabajar de manera independiente para clasificar, resguardar y difundir los materiales de archivo desde su casa. Es, como él lo dice, "una chamba invisible”, que no recibe reflectores ni mucho menos grandes presupuestos. El rescate de todo este patrimonio se ha vuelto una carrera contra el tiempo.
La tragedia que se vivió en el cine Río es un reflejo de que el pasado de Oaxaca se rompe o se tira a la basura por la indiferencia de las autoridades y la falta de conciencia ciudadana. Para Tlatoani Ortiz su objetivo ahora es sumar más personas a la causa y asegurarse que las historias impresas que alguna vez se usaron en las salas de cine oaxaqueñas no vuelvan a terminar en la basura.