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María Conchita Díaz: contar historias desde Oaxaca

  • hace 3 días
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Actualizado: hace 3 días

María Conchita Díaz


Existen dos perspectivas principales del cine, quienes lo ven como una industria y otras que lo logran ver de manera más personal, siendo parte de su vida diaria. María Conchita Díaz pertenece más a lo segundo, ella es una directora, guionista y tallerista originaria de Oaxaca, nacida un 10 de Julio de 1985, es reconocida por desarrollar una filmografía enfocada en temas relacionados con la memoria, lo femenino, la comunidad y las experiencias personales llevadas al terreno colectivo. Estudió cine después de haber pasado primero por comunicación y a lo largo de su trayectoria ha trabajado tanto en ficción como en proyectos comunitarios y de formación artística. Entre sus obras destacan cortometrajes como Rex y La Soledad, proyectos donde aborda temas que normalmente permanecen silenciados, como la menstruación, el duelo, la familia y las emociones que atraviesan la vida cotidiana.


Esta entrevista, es profundizar una perspectiva acerca del como es crecer, crear y hacer cine desde Oaxaca y como este va más allá de una industria y se vuelve un ritual cotidiano.


Lejos de la imagen seria que a veces se tiene de los directores de cine, María Conchita se describe como alguien hogareña. Le gusta estar en casa, convivir con su familia, leer y pasar tiempo con sus gatos. Y aunque pareciera algo sencillo, esa parte íntima termina reflejándose mucho en su obra. Sus historias nacen desde lo cercano: la familia, la infancia, los recuerdos y emociones que muchas veces compartimos sin darnos cuenta.


Cuando habla de Oaxaca, no lo hace únicamente como un lugar donde nació, sino como una forma de mirar el mundo. Para ella, crecer aquí le dio un fuerte sentido de comunidad. Menciona que las personas oaxaqueñas suelen apoyarse entre sí y que esa cercanía termina marcando la manera en que uno se relaciona con los demás. Esa idea aparece constantemente en su cine: personajes conectados por vínculos familiares, emociones colectivas y experiencias comunes que se sienten bastante reales.


Algo que llamó mucho la atención fue la forma en que relaciona lo personal con lo político. María Conchita menciona varias veces la frase “lo personal es político”, porque considera que las historias más íntimas también hablan de muchas otras personas. Lo que vive una mujer, una familia o incluso una comunidad puede terminar representando emociones compartidas por más gente.


Eso se nota especialmente en La Soledad, una película inspirada en sus dos abuelas. Una atravesó un proceso de demencia senil y la otra vivió conflictos familiares relacionados con herencias. A partir de esas experiencias personales, la directora construyó una historia donde la memoria, el cariño y la pérdida se sienten muy cercanos. Incluso resulta curioso que una de sus abuelas se llamara María y la otra Conchita, como si desde ahí ya existiera una especie de herencia emocional dentro de su cine.


Desde pequeña, cuenta, ya tenía la necesidad de inventar historias. Usaba muñequitos de plástico y detenía a quien encontrara para narrarle aventuras imaginarias. Sus familiares incluso bromeaban con que a veces escapaban de ella porque siempre quería seguir contando algo. Escuchar esa anécdota hace pensar que el cine, en realidad, llegó mucho después; primero estuvo la necesidad de narrar y de imaginar cosas todo el tiempo.


Aunque hoy cuenta con una trayectoria sólida, también habló de las dificultades que enfrentó al estudiar cine. En su generación había muy pocas mujeres y constantemente tuvo que abrirse paso en espacios marcados por el machismo, el clasismo y el racismo. Señala que muchas veces el cine sigue siendo elitista y que ser una mujer oaxaqueña dentro de la industria implica enfrentarse a ciertos estereotipos que todavía siguen muy presentes.


Sin embargo, más que quedarse en la queja, transforma esas experiencias en una razón para seguir creando. Para ella, hacer cine también significa cambiar las narrativas y mostrar personajes e historias más cercanas a la realidad de Oaxaca y de México, no solamente las que normalmente aparecen en pantalla.


Otro punto importante dentro de su obra es la intención de hablar sobre temas que normalmente permanecen en silencio. Un ejemplo es Rex, cortometraje que aborda la menstruación desde la experiencia de una niña. María Conchita explica que cuando realizó ese proyecto todavía existía mucha incomodidad alrededor del tema, por lo que llevarlo al cine implicaba romper ciertos tabúes y ciertas ideas que parecían ya muy normalizadas.


Aun así, menciona que no le interesa únicamente mostrar problemas sociales, sino también proponer algo a través de sus historias. Considera que el cine no debería quedarse solo en retratar la violencia o el dolor, sino intentar abrir posibilidades, aunque sean pequeñas o incluso algo utópicas.


También habló sobre la importancia del arte en momentos difíciles. Para ella, el cine, la música y la literatura pueden convertirse en herramientas que ayudan a las personas a salir de crisis emocionales o sociales. Recordó cómo durante la pandemia muchas personas encontraron refugio en las películas o en los libros, y cómo eso demuestra que el arte no es algo secundario, aunque muchas veces así sea tratado.


Además de dirigir, María Conchita ha trabajado impartiendo talleres, especialmente con infancias y comunidades. Algo interesante es que no entiende estos espacios como una enseñanza unilateral, sino como un intercambio. Dice que siempre aprende de las personas con las que trabaja y que muchas veces las comunidades le muestran formas distintas de entender la realidad y de contar historias que ella misma no había pensado antes.


En ese sentido, insiste mucho en que el cine no depende únicamente de grandes presupuestos o equipos costosos. Repite que las historias pueden hacerse con lo que se tenga a la mano: un celular, amistades, tiempo y ganas de contar algo. Más importante que la cámara, dice, es desde dónde nace la historia y la intención que tiene detrás.


Actualmente trabaja en proyectos filmados dentro de comunidades oaxaqueñas y prepara un cortometraje sobre la eutanasia, un tema que también considera profundamente humano y necesario de discutir. Además, continúa escribiendo nuevas historias relacionadas con el duelo y las emociones colectivas.


Hacia el final de la entrevista, reflexionó sobre uno de los mayores problemas del cine mexicano y oaxaqueño: la distribución. Muchas películas independientes encuentran dificultades para llegar a salas comerciales o plataformas. Por eso propone tomar espacios alternativos, proyectar películas en parques, paredes o lugares comunitarios para acercar el cine a más personas, algo que incluso suena sencillo pero que realmente implica bastante organización.


Al escucharla, queda claro que para María Conchita Díaz el cine no es solamente entretenimiento. Es una manera de mirar a los demás, de compartir experiencias y de dejar pequeñas preguntas flotando en quienes observan sus historias. Y quizás ahí está lo más interesante de su obra: en esa forma de contar cosas cotidianas que terminan sintiéndose mucho más grandes de lo que parecían al inicio.




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